Por: Luis BONETE PIQUERAS
Periodista. Copyright. 2016
Ponía negro sobre blanco hace ya un tiempo que, “… ser elegida Reina de Fiestas almanseñas es, sin duda, dignidad inolvidable y superior para la mujer señalada. Otra cosa es, que el cargo pueda ser ostentado en igualdad de condiciones por la congregación femenina local que, a mi juicio, no lo es”.
La evolución de las fiestas en Almansa es algo tan irremediable como deseado; no hace tanto, el propio concejal delegado de Fiestas, Israel Rico, reconoció con pesar que, finalizado el plazo para la presentación de candidaturas a Reina de las Fiestas, no había “ninguna”. Llegados a ese amargo trance, se hizo uso de la prerrogativa existente en las bases y fue el propio concejal quien, poniéndose el mono de trabajo, buscó…, y encontró a quien fue la cabeza visible de las Fiestas de Almansa en el año de Nuestro Señor de 2015.
Y me pregunto: ¿Es de recibo, es aceptable, es creíble que en una ciudad del nivel y prestigio como la de Almansa, situada definitivamente en la cabeza de los municipios de Castilla-La Mancha, no haya una sola mujer que desee ser Reina de las Fiestas, y se tenga que, de manera obligada, recurrir al obsoleto (al parecer ya no tanto) sistema de búsqueda “a dedo” de la candidata?. Yo me respondo: ni es aceptable, ni creíble, ni es de recibo semejante coyuntura.
A mi juicio, responsabilizar a la crisis económica de la ausencia de candidatas es, en estos momentos, el argumento con más peso; estamos ante el considerando definitivo que desde el estamento festero se esgrime ante la opinión pública para justificar que de las miles de chicas almanseñas en edad de merecer, ninguna haya mostrado interés verdadero por alcanzar la preeminencia de ser Reina en 2015.
¿Puede una entidad local como es un Ayuntamiento, en este caso el de Almansa, subordinarse a la acción veleidosa de una coyuntura externa y temporal en este caso que nos ocupa, de una crisis económica para poder o no contar con el primero, único y más importante cargo protocolario festero como es el de Reina de las Fiestas?. Yo opino de forma rotunda que no.
Ahora calculemos, amigos oyentes, de manera sosegada y prudente (y a ojo de buen cubero) a cuánto asciende el presupuesto aproximado, que una mujer debe de disponer, o proveer si quiere ser Reina de las Fiestas en Almansa. Repito, cifras siempre aproximadas, ponderadas y sujetas a cambios, en una dirección u otra, pero que ayudan a disponer de una idea más que aproximada de la estimación económica necesaria para el cargo.
— Peluquería: 500 euros.
— Maquillaje: 500 euros.
— Traje de blanco: 1.500 euros.
— Traje de la Ofrenda, teja, mantilla: 500 euros.
— Vestuario manchego: 1.000 euros.
— Vestuario de protocolo y calzado: 500 euros.
— Agapes y compromisos sociales: 1.000 euros.
— Regalos personales y varios: 300 euros.
Alcanzamos pues, insisto, de forma prudente y sin alharacas, una cifra muy cercana a los 6.000 euros, dineros que, tal y como está el patio, hacen fosfatina cualquier economía familiar, a excepción de aquellas que se encuentran saneadas que, en estos momentos, son una rareza. Almansa es una ciudad, pero también es un “pueblo” donde casi todos nos conocemos. Es por ello que se sabe, se percibe, la existencia de numerosas familias que han invertido en sus hijas cantidades millonarias para el reinado en cuestión; la cara opuesta, es aquella en la que la mayoría de familias, no pudiendo, pero no siendo capaces de soportar la presión de, bien decir que no, bien de aquellas que la precedieron en el cargo, y no queriendo “ser menos”, han recurrido a: durmiendo menos que poco, echar más horas que un reloj en sus trabajos; redujeron al mínimo los gastos familiares; solicitaron ayuda a su parentela…, incluso las ha habido que han acudido a implorar créditos bancarios (con avales de patrimonio familiar eh?) con tal de que a la “nena” no le falte de nada. Situaciones –a mi juicio- escandalosas que, por lo general, se viven en la intimidad, que no salen a la luz oficialmente, pero que se conocen porque aquí, en Almansa, las lenguas de doble filo no descansan nunca. Lo que de verdad duele es que, un año sí y otro también, desde el Ayuntamiento, desde el gobierno municipal de turno, conociéndose como se conoce esta situación, se practique la política del avestruz y, haciendo como que no pasa nada y en aras de los hechos consumados, se mire hacia otro lado pensando: “alguien se presentará”, en vez de asumir de una vez y para siempre que la Reina de las Fiestas, y digo la Reina, exclusivamente, es una figura que debemos de pagar todos los almanseños; eso si queremos tenerla, claro.
INSTITUCIONAL
Otra cuestión imprescindible que estimo debe ventilarse de forma adecuada por quien corresponda, de forma definitiva, y de cara a poder alcanzar la solución a la trama que nos ocupa, es el carácter oficial que se debe de otorgar, o si se me apura, la naturaleza del cargo de Reina de las Fiestas Mayores de Almansa. No creo yo que haga falta un plan director para tal oficio, no; pero una vez consensuado entre quienes deben el acuerdo de que la Reina de las Fiestas de Almansa es el símbolo natural, la dignidad suprema, la custodia que reúne todo aquello necesario para ser la única y suprema representante de las fiestas almanseñas, la pelota pasa al tejado de la Corporación municipal que, a mi juicio, debe, de una vez y para siempre, trocar esa responsabilidad que actualmente habita en el limbo, en institucional cien por cien, sin complejos, adoptando una decisión valiente, histórica y útil, todo ello pasando por encima de presiones sin sentido. Añadiría que, el Pleno de la Corporación, apoyado en un decidido “sentido de estado municipal” y con todo lo que ello conlleva debería, igual que otorga honores como el de Almanseño Ilustre, u otros, aprobar que la Reina de las Fiestas de Almansa es una función institucional oficial sujeta a un reglamento especial a elaborar en el que, entre otras cuestiones que desarrollarían quienes de esto más entienden, se estipularía, de forma meridianamente clara y sin tapujos, cuales son las funciones de ese cargo, sus obligaciones, calendarios y derechos.
Llegados a este punto, es donde se comienza a ver luz al final del túnel. Desde mi punto de vista, el paso definitivo, el que ahuyentaría todos los temores y lograría que hubiera, todas las ediciones, una pléyade de almanseñas dispuestas a ejercer, es el de incluir el cargo honorífico Reina de las Fiestas en el presupuesto municipal anual correspondiente; dotarlo de una partida presupuestaria con asignación suficiente, ponderada con los tiempos que nos ha tocado vivir, y ello para que la titular pueda, de forma desahogada y sin sacrificios, desempeñar la dignidad para la que es oficialmente elegida.
El pago de la subvención correspondiente, se realizaría, de forma oficial, en el momento en que fuera elegida, sin dilación, sin excusas y sin pretextos. El mencionado pago tendría, inexcusablemente, el carácter “a justificar”, quedando obligada la beneficiaria a justificar la cantidad recibida en el plazo máximo de tres meses desde la percepción de los correspondientes fondos y, bajo compromiso firmado, a reintegrar todas aquellas cantidades no justificadas con facturas exclusivamente oficiales, así como aquellas que no se hubiesen destinado a los fines para las que fueron concedidas, aunque se aportasen facturas.
PLEITESIA.
Habrá quien al escuchar estas palabras no pueda evitar la tentación de preguntarse: ¿Y a las demás mujeres, que?. ¿Acaso el tambor no es también tropa?. A mi juicio, el resto de mujeres que componen el staff festero, como son: Reinas de Distrito, Abanderada Mayor, Abanderadas de Comparsas y Calles, merecen el mayor de los respetos porque son parte fundamental e intrínseca de las Fiestas de Almansa, pero no pueden optar a ser designadas cargos institucionales. Apoyándome en este alegato, soy de la opinión que Agrupación de Comparsas y Junta Festera de Calles, son los entes festeros adecuados sobre los que recae la responsabilidad de que, siempre de acuerdo a sus posibilidades, y con cargo a sus propios y exclusivos presupuestos y mecanismos de fiscalización, deben de dotar a esos cargos de las subvenciones que se consideren oportunas.
Finalizo esta reflexión sobre la figura de la Reina de las Fiestas de Almansa, realizando una última interpelación: ¿Deben pleitesía a la Reina el conjunto de mujeres que visten bandas, cualesquiera, en Almansa?. Indudablemente que sí. Y ello, porque la Reina, mi Reina, es eso: cabeza visible, representación festera única e institucional, de unos días de holganza que, lamentablemente, distan mucho todavía de ser lo que presumen.
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